los laureles de San Andrés

los laureles de San Andrés

Una de las señales de identidad del barrio marinero de San Andrés, situado en el séptimo distrito de la ciudad capital de la provincia, Santa Cruz de Tenerife, es la línea de enormes y frondosos laureles de Indias que lo jalonan en su vertiente más noreste y le separan del curso de los barrancos del Cercado y de Las Huertas. Si se accede a cualquier archivo fotográfico que contenga imágenes del barrio, tomadas desde el aire, desde la playa de Las Teresitas o desde cualquier punto de vista situado a una buena altura, como los que se obtienen en el propio Roque de San Andrés y en el de Los Órganos, la masa vegetal que constituyen las copas de los numerosos gigantes de la especie Ficus microcarpa está siempre presente. En fotos en blanco y negro o en fotos en color. En instantáneas realizadas a lo largo del siglo XX o en las digitales de la más rabiosa actualidad. Sin embargo,- con gran sorpresa, por nuestra parte-, si se investiga y se consulta información sobre el histórico distrito y sus núcleos poblacionales, no se hace mención alguna a tan espectacular alineamiento. Hoy, proporcionan una beneficiosa sombra, en días de mucho sol, a una cuidada rambla que transcurre, casi paralela, al cauce de los barrancos y que se inicia o termina, -según se mire-, frente a la medio destruida Torre o Castillo de San Andrés. También dan protección a las viviendas que tienen el privilegio de disfrutar, día a día, de esos formidables testigos que han presenciado, a través del siglo pasado y lo que va de éste, lo mucho que se ha ido transformando aquel bello rincón marinero.

Pero, -desconocemos desde cuándo-, los cuatro o cinco ejemplares más cercanos al antiguo castillo están perdiendo la frondosidad de sus follajes y el intenso color verde de sus hojas, hecho bastante insólito en una especie de hoja perenne y que se caracteriza, precisamente, por sus compactas copas, una vez llegadas a los tamaños que muestran los de San Andrés. No somos expertos en la materia y este comportamiento podría responder a causas explicadas en la Botánica, pero, desde el ojo de simples aficionados a contemplar los numerosísimos laureles que existen en las ramblas y parques de esta ciudad de Santa Cruz de Tenerife y en casi todas las islas de este archipiélago atlántico, la impresión primera es de que se están enfermando o ya se encuentran enfermos. Quizá, la razón esté en que, cada vez que el barrio ha sufrido las embestidas de un mar enfurecido, toda aquella zona se ha visto anegada y la proximidad de estos primeros especímenes ha sido determinante para verse dañados en sus raíces y que ese daño esté repercutiendo, irremediablemente, en la totalidad de sus organismos.

Desde aquí, nos preguntamos si la autoridad competente tiene conocimiento de esta circunstancia y si el mal de estas joyas vegetales puede tener alguna solución, que contribuya a seguir contando con ellas como parte indispensable de un enorme pulmón que protege, preserva e identifica, de una forma indiscutible, al más marinero y pescador de nuestros barrios. Esperemos que la dejadez y la desidia, - que tan evidentes son en la cercana playa de Las Teresitas -, no se conviertan, también aquí, en señas de identidad tan grandes como los hermosos laureles de Indias del barrio de San Andrés.